🫂Capítulo 6 de 6

El servidor sufrido y el derecho a darse a uno mismo

🫂Servir sin desaparecer y volver a una paz menos actuada

Entre los personajes que aparecen, el más desarrollado es el del servidor sufrido. Es quien se organiza alrededor del sacrificio, vive para los demás, posterga su deseo y solo se siente valioso si está siendo necesario o útil. Muchas veces detrás de esa imagen noble hay culpa, miedo a no ser querido y una necesidad muy profunda de reconocimiento.

La clase desarma con bastante precisión esa trampa: servir no es el problema, el problema es sufrir para ser visto como bueno y dejarse siempre para el final. Salir de ahí implica empezar a poner límites, tolerar la desaprobación, aprender a decir que no y darse con la misma intensidad con la que se da a otros. Ese movimiento se completa al final con una meditación, donde la práctica ya no es hablar sobre el ego, sino experimentar por un momento la distancia entre la voz mental y una presencia más silenciosa. Ahí aparece una paz que no depende del personaje.