Otro núcleo central de la clase es energético. Luciano plantea que las emociones no son solo estados pasajeros, sino frecuencias de atracción. La angustia, la resignación, la ansiedad o la culpa densifican el campo y facilitan que sigan apareciendo experiencias del mismo tono. La paz, la confianza y la gratitud, en cambio, elevan la vibración.
Desde esa lógica, también las palabras crean realidad. Repetir “no se me da”, “estoy sola”, “no tengo un mango” o “siempre me pasa lo mismo” refuerza la carencia. Por eso la práctica propuesta es aprender a declarar otra cosa, agradecer lo que todavía no se manifestó del todo y vivir desde una lógica de abundancia en lugar de encogerse por miedo.
La abundancia no se presenta como delirio mágico ni como negación de los problemas, sino como una disciplina interior. Cambiar el foco, ordenar la emoción y dejar de decretar escasez se vuelve parte del trabajo de crear una vida distinta.