Una parte importante de la clase gira alrededor de la mente preocupada. Luciano insiste en que el miedo, los apegos y la ansiedad no describen la esencia del ser humano, sino hábitos aprendidos, reforzados durante años por la cultura y por las experiencias tempranas.
Frente a eso propone una práctica sostenida: gratitud, movimiento del cuerpo, meditación, intención declarada y visualización. No se trata de negar lo difícil, sino de dejar de construir la realidad únicamente desde historias de terror internas. La pregunta de fondo es desde qué frecuencia emocional se está viviendo y qué tipo de vínculos, decisiones y resultados atrae esa forma de vibrar.