Cuando aparecen vínculos drenantes, Luciano no niega el peso del entorno, pero devuelve la responsabilidad al propio observador. Nadie drena energía sin algún nivel de consentimiento, permanencia o falta de cuidado propio. La pregunta deja de ser solo qué tan tóxica es la otra persona, y pasa a ser qué estoy eligiendo yo, qué costo sostengo y qué no estoy haciendo para cuidarme.
Esa mirada no busca culpabilizar sino empoderar. Salir del lugar de víctima implica reconocer libertad, aunque a veces cueste usarla. Poner límites, tomar distancia, pedir ayuda o crear espacios de recuperación energética son formas concretas de dejar de quedar tomados por la queja y empezar a vivir con más dignidad y presencia.