🪞Capítulo 2 de 5

Las frases favoritas de la víctima

🪞No siempre se nota. A veces la víctima habla con frases completamente normales.

“No es mi culpa”. “Siempre me pasa a mí”. “Qué mala suerte”. “¿Por qué a mí?”. La clase pone estas frases sobre la mesa para mostrar algo incómodo: muchas maneras de hablar que parecen naturales en realidad sostienen una posición interna de impotencia.

La víctima no es una esencia. Es un rol. Una manera de interpretar lo que pasa dejando el poder en otra parte. En ese estado, la persona se vuelve rehén de la circunstancia, de los otros, de la historia o del azar. Todo parece venir de afuera y, por lo tanto, la salida también parece depender de afuera.

Hay algo todavía más sutil: a veces ese rol ofrece una ganancia secundaria. Evita el riesgo de elegir. Evita el costo de moverse. Evita la incomodidad de reconocer que seguir igual también es una decisión.

Por eso la invitación no es moralista. No se trata de acusarse por estar en víctima. Se trata de detectar cuándo el propio lenguaje está reduciendo la vida a una narración sin salida. Escucharse con honestidad ya es empezar a salir.

Cuando una persona deja de repetir automáticamente esas frases, recupera un margen mínimo, pero decisivo. Un espacio donde algo distinto puede empezar a ser elegido.