Capítulo 2 de 5

La impotencia también es una interpretación

La emoción es real, pero muchas veces se apoya en una conclusión que puede ser revisada.

Cuando alguien siente que no puede hacer nada, aparece la impotencia. Y con ella suelen venir la bronca, el fastidio y la sensación de estar atrapado. La clase pone el dedo justo ahí: la impotencia no es solo emoción, también es una lectura de la realidad.

Surge cuando la persona concluye que ya no tiene margen, que la salida depende enteramente de afuera o que no hay nada disponible más que aguantar. Esa conclusión puede parecer objetiva, pero muchas veces es solo una parte de la escena.

Tal vez no se pueda cambiar el hecho. Pero sí puede cambiar el foco, la narrativa, el modo de esperar, el pedido que se hace, la acción siguiente o la forma de atravesar el tiempo. Cuando ese pequeño margen vuelve a verse, el encierro empieza a aflojar.

Por eso el trabajo no consiste en negar la emoción, sino en mirar qué interpretación la sostiene. Ahí, en ese punto, la persona deja de ser puro efecto del mundo y recupera un espacio de respuesta.

Y aunque el hecho no desaparezca, el sistema interno ya no queda tan sometido a él.