
Si te vas a tomar vacaciones para estar realmente con tus hijos, tené en cuenta algo que solemos pasar por alto: la presencia de otros adultos.
Si viajás con otras familias o con más gente además de la madre o el padre, es muy difícil que le puedas prestar atención plena a los niños. Hay un magnetismo inevitable en la conversación con otro adulto; te chupa la atención y te desfocaliza por completo de los chicos. Es lógico, los adultos estamos más acostumbrados a conectar en esa frecuencia.
Yo por eso le daba muchísimo espacio a las vacaciones solo en familia, sin otros adultos y sin otros niños de afuera. Una mezcla que a veces funciona es hacer mitad y mitad: nos íbamos solos con nuestra familia los primeros días para conectar a fondo, y después nos cruzábamos con otra gente. Esos días compartidos son para disfrutar en grupo, pero ya sabés que no van a ser días de tanta conexión profunda con tus propios hijos. Ahí entrás en una especie de desconexión grupal.
Si tu objetivo real es frenar del trabajo para estar con ellos, te recomiendo que te hagas tu propio espacio aislado, por lo menos hasta que lleguen a la adolescencia. Durante años nos íbamos a Punta del Diablo, a una duna donde no había nadie. Con el tiempo descubrí que otras familias hacían lo mismo. Nos cruzábamos a veces a hacer un fogón un ratito, y el resto del día cada familia seguía en su mundo. Estábamos todos en el mismo código.
Lo que nunca me funcionó es juntarme con otras familias para que sus hijos entretengan a los míos y yo poder "estar tranquila" charlando con los adultos. Si hacés eso, de repente se te pasaron las vacaciones y no conectaste con tu hijo en absoluto.