
Se dice mucho que los chicos no aguantan los viajes largos o las salidas agotadoras, pero la verdad es que los niños bancan muchísimas más horas de las que los adultos creemos. Pueden estar a las 12 de la noche tirados en el pasto abajo de la Torre Eiffel, corriendo por ahí, y ser completamente felices. No necesitan tantas comodidades como imaginamos.
Lo que sí te arruina un viaje es intentar mantener la misma estructura y los mismos hábitos que tenés en tu casa. Me ha pasado viajar con otras familias donde, si a las 12:00 del mediodía los niños no están almorzando, hay que frenar el mundo. Tienen que dejar la excursión por la mitad para ir a comer, porque si no el niño llora, se pone de mal humor y te arruina el paseo.
Yo confieso que nunca fui buena para imponer hábitos alimenticios perfectos, pero a cambio logré que mis hijos comieran cualquier cosa y a cualquier hora. En los viajes yo llevaba unos snacks, y la hora de almorzar era, literalmente, "cuando pintara". Nadie se iba a poner a llorar porque no le gustaba lo que había, y a mí no me quemaba la cabeza si ese día habían cenado bien pero almorzado solo una banana y dos galletitas. No intentes viajar y, al mismo tiempo, sostener la estructura alimenticia o de sueño de tu casa.
Esto es algo que apliqué intencionalmente desde que eran bebés. De lunes a viernes, en mi casa hay rutinas, horarios y comida relativamente saludable. Pero los fines de semana, rompía todas las reglas. Comían lo que fuera, dormían a la hora que fuera y hacían lo que nos viniera bien a todos.
Gracias a eso, aprendieron a vivir en los dos ambientes. Entienden el orden de la semana, pero el fin de semana se adaptan a la espontaneidad. Hay niños tan estructurados que, si no están en su cuna, a oscuras y con la madre cantándoles su canción específica, no se duermen. A mí me pasaba que estaba en una reunión con amigos, el más chiquito venía, se me subía a upa mientras yo seguía hablando, y se dormía profundamente en medio del ruido. Después lo pasaba al carrito y seguía durmiendo feliz.
A veces nos vamos tres semanas de vacaciones, veo que comen cualquier porquería y dudo: "¿Estará bien?". Pero siempre llego a la misma conclusión: el saldo te tiene que dar a favor del disfrute. Podés criar niños perfectamente estructurados y alimentados, pero si no saben adaptarse y ser felices con un poco de caos, les estás mandando el mensaje equivocado sobre de qué se trata la vida.