
Hay algo que entendí y comprobé con el tiempo: el embarazo dura dieciocho meses. Nueve adentro y nueve afuera.
Durante los primeros nueve meses de vida, el bebé es, para sí mismo, una parte tuya. Están fusionados. No se considera un ser independiente. Por eso, si no estás o no te ve, no procesa que te fuiste a otra habitación: siente un abandono.
Cerca de los nueve meses empiezan a darse cuenta de que no son vos. Y ahí atraviesan lo que yo llamo una “época de extrañeza”. Para los papás suele ser súper irritante porque no quieren ir con nadie más; los agarra el padre y gritan. Están completamente pegados a la madre. Para nosotras es agotador, porque hasta para ir al baño te los tenés que llevar aúpa si no querés que lloren de forma desconsolada.
Pero después, cuando superan esa etapa cerca del año, ya se ven como seres independientes. De repente, si no estás en la sala igual saben que estás al lado aunque no te estén viendo.
Por eso creo que los primeros nueve meses son, literalmente, parte de vos. Cuanto más pegado puedas estar a ellos en ese tiempo, mejor.