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Redescubrir con ojos de niño

Ilustración

Una de las cosas más espectaculares de viajar con niños es que te obligan a volver a lo básico. Te fuerzan a ver todo desde los ojos de ellos. Para poder explicarles un lugar o una historia de otra manera, inevitablemente hacés un *rewind* mental y empezás a ver el mundo con ojos de descubrimiento.

Los niños siempre tienen cara de ilusión. Cuando llegan a un lugar nuevo, abren los ojos grandes como diciendo: "¿Qué me va a presentar la vida ahora?". Y no te queda otra que ponerte en esa misma sintonía para conectar con ellos.

Tengo un recuerdo muy claro en los Foros Romanos. Yo venía con mi explicación histórica de manual: "Rómulo y Remo fundaron Roma en las siete colinas, pero después se pelearon". Y mi hijo, que tenía cinco años, me miró y me preguntó: "Pero, ¿por qué se pelearon si eran hermanos? ¿Qué pasó?".

De pronto, te empiezan a hacer preguntas que antes no te importaban en lo más mínimo. Y te descubrís queriendo entender el mundo de nuevo, desde cero, para poder responderles y compartir sus inquietudes.

Siento que viví los viajes de una forma muchísimo más intensa gracias a ellos. Viajar con chicos no es una limitación; es una oportunidad para redescubrir cosas que ya conocías, pero esta vez con la mirada limpia y asombrada de alguien que las ve por primera vez.


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