Tomi muestra que escuchar no es un acto neutro. Oír es recibir un sonido. Escuchar es recibirlo, interpretarlo y darle sentido. Por eso una misma canción puede cambiar por completo cuando conocemos la historia que hay detrás, y un audio ambiguo puede sonar distinto según la palabra que estamos esperando encontrar.
La conclusión es potente: no escuchamos de forma pura. Escuchamos atravesados por nuestra edad, nuestra historia, nuestras creencias, nuestras emociones y nuestras expectativas. Muchas veces creemos que estamos captando lo que el otro dijo, pero en realidad estamos completando con material propio.