Se explicó que el miedo proyecta futuros posibles que no existen en el presente, y que la resistencia a aceptar la posibilidad de esos futuros perpetúa el miedo. Se hizo hincapié en que aceptar no significa resignarse, sino permitir que la vida fluya y estar preparados para enfrentar lo que venga.
El ejercicio desafiante consistió en imaginar el peor escenario temido y preguntarse qué se haría si ocurriera, lo que ayuda a desarmar la ansiedad y a liberar energía para enfocarse en lo que realmente se desea lograr.