La primera gran declaración que Luciano trabaja es el no sé. Parece simple, pero tiene una potencia enorme. Declarar no sé desmonta al personaje que cree tener que explicarlo todo y habilita un lugar de humildad, curiosidad y aprendizaje. En vez de apurarse a cerrar una definición, la persona puede quedarse un poco más abierta a la pregunta.
Ese gesto también cambia la relación con la incertidumbre. Muchas veces el sufrimiento no viene solo de no saber, sino de creer que no deberíamos estar en ese lugar. Cuando el no sé deja de ser vergüenza, empieza a aparecer una paz distinta. No hace falta tener todo resuelto para estar bien.
Luciano lo lleva incluso a las grandes preguntas de la vida. Quién soy, cuál es mi propósito o hacia dónde voy no siempre requieren una respuesta inmediata. A veces piden presencia, honestidad y la madurez de convivir con lo abierto sin desesperarse.